Filosofía de un buen entrenador

“Privilegiar la tarea defensiva y con poco llegar al arco rival lograba mucho”. Conociendo a Zubeldía solo de Santos, yo lo definiría así. Su torneo bueno en México (el único completo) acaba la fase regular con 22 goles a favor y 20 en contra después de 17 jornadas, con una de las mejores defensas posicionales del país (al final, el cuadrado formado por Izquierdoz, Néstor Araujo, Pulpo González y Jesús Molina resultaba muy difícil de superar). Ofensivamente, recuerdo que su sistema estaba basado en la capacidad de correr en campo abierto de nombres como Djaniny y Andrés Rentería teniendo a lanzadores de contras como Rabello o Avión Calderón.
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“En Argentina obtuvo mejores resultados que rendimientos. Con apenas 27 años se convirtió en el técnico más joven de la historia del fútbol argentino y en Lanús no modificó demasiado la fisonomía del equipo campeón. Su primer equipo fue brillante pero el ciclo se fue desgastando. Dos años después y en un Racing de flojo rendimiento previo, Zubeldía promovió a una buena camada de juveniles (Ricardo Centurión, Luis Fariña, Bruno Zuculini, Valentín Viola, José Luis Gómez, Rodrigo de Paul y Luciano Vietto) y logró resultados aplicando un ordenado 4-4-2 con varios integrantes de buen pie. Pese a la cantidad de puntos que sumó, su equipo nunca tuvo una identidad definida y dependió más de sus individualidades que de su rendimiento colectivo”.
“En Ecuador tuvo un paso que yo calificaría de regular, quizás bueno. En su primera venida para Barcelona Sporting Club iba liderando el torneo nacional pero tuvo un incidente muy fuerte con los directivos. En su plan de juego se criticaba en parte su falta de vocación ofensiva en pos de privilegiar la tarea defensiva. Contaba con armas letales arriba (Diaz y Mina) y con poco llegar al arco rival lograba mucho. Obsesivo en sus métodos, era muy común verlo en los entrenamientos continuamente elaborando circuitos de marca y repliegue, que luego se los podía ver plasmados en los juegos. Si bien no negaba el uso de la pelota, no era su prioridad darle larga circulación ni tenencia, y sí maximizar la eficacia arriba. En Liga de Quito mantuvo la misma tendencia, llegando a la final del torneo y cayendo ante Emelec. Tiene un fuerte carácter y si algo no le gusta no duda nunca en señalarlo”.
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“En Santos tomó un equipo muy bien compensado. En el Clausura 2016 llegó a Liguilla y fue eliminado por Pachuca, que se terminó coronando. Apenas dirigió un torneo y un poco más porque fue despedido muy pronto en su segunda campaña. Aquí también trataba de sacar el balón desde atrás, y claramente fue de más a menos. Su jugador diferencial fue Diego ‘Pulpo’ González, que es un interior muy completo, con llegada y potencia para pisar las dos áreas. Por muchos momentos, jugaba al contragolpe, y que yo recuerde, su equipo no destacaba especialmente en ataque, sino que eran detalles de Rabello, Djaniny o González los que decidían partidos, además de ser un equipo muy potente a balón parado”.
“En Colombia no le fue nada bien. Empezó con una idea bastante ambiciosa: salida de balón trabajada, conceptos muy interesantes de circulación de balón potenciados por Quintero y los jugadores moviéndose acorde a la libertad del 10, perdiendo el balón con calidad con cierta regularidad, pero tuvo problemas de plantilla. Sobre todo con el perfil de los delanteros y la falta de desborde general.

El toque de Sampaoli

¿Dar con la tecla tan, tan pronto perjudicó al equipo? Un poco al revés que Unai, vaya.
El caso es que viendo el devenir de la temporada, Nasri estuvo ausente buena parte del mes de noviembre: un partido de copa, tres de liga (victorias frente al Depor y el Valencia; derrota en Granada) y uno de Champions (derrota frente a la Juve). Y también se pierde diez días cruciales a comienzos del mes de marzo, negro donde los haya, en los que el Sevilla inicia una racha de 5 encuentros de liga sin ganar, y cae eliminado en Champions. Nasri está ausente de las alineaciones en los dos primeros, regresando al XI en el partido de vuelta frente al Leicester.
En cuanto a Sampaoli, creo que si adaptación a Europa no fue tan grande como se dice. Sus mejores momentos coincidieron con un momento de inspiración fuera de lo normal de un jugador del que no se esperaba tanto. Cuando Nasri se cae Sampaoli no tiene soluciones para volver a jugar a buen nivel, o al menos competir. Creo que con jugadores como Vitolo, Nzonzi, Correa, Sarabia o Jovetic algo podría haber construido.
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La temporada de Sampaoli me pareció ir bastante de la mano con Nasri. Empezó muy bien y llegó a resultar excelente, pero se desinfló y terminó dejando un sabor agridulce. El hecho de empezar bien y acabar mal siempre deja peor recuerdo, pero la cuarta plaza y el fútbol mostrado me resultan muy satisfactorios para el Sevilla. Un temporada muy Nasri al fin y al cabo, jugador irregular donde los haya.
A mi realmente me sorprendiò como enfrentò la rueda de clasificacion del grupo de Champions , tenìa muchas dudas porque su historia lo pintaba como profundamente sudamericano sin ninguna otra experiencia y eso podìa ser un precio a pagar sobretodo al inicio . En cambio se comportò como un entrenador experto El ùnico error , para mi gusto , fuè la excesiva carga emotiva que puso en el partido de vuelta en Sevilla contra la Juve …..era un partido para tirar agua y calmar los nervios y no gasolina incendiando el Pizjuan , en ese partido le faltò aplomo y la mente mas fria para controlar sus jugadores . Por todo el resto fuè realmente una sorpresa agradable , aunque me quedarà siempre esa duda de si es realmente capaz de adaptarse completamente a la “cultura futbolistica” europea .
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Yo creo que ha sido víctima del bajón colectivo. Al final, desde la eliminatoria contra el Leicester únicamente ha habido un jugador que ha sacado la cabeza con continuidad: Joaquín Correa. El resto se ha ido hundiendo poco a poco. Con mejores o peores partidos, porque N’Zonzi también ha dejado alguno muy bueno, también Jovetic, pero en general Vitolo ha sido el reflejo más evidente del tramo final de este Sevilla.
Pero en Sevilla fue otro. Cierto es que su energía desató la ilusión de una ciudad que era la vigente tricampeona de la Europa League y que, en su momento, no dudó en apuntar directamente al título de Liga, pero esto no se correspondió con lo que vimos en el campo.

Argentina

Brasil 2014, un Mundial de siete partidos para la Argentina, mostró a un Messi que fue de mayor a menor. Sin él no se hubiera superado la fase de grupos, pero con él no se pudo imponer una ventaja decisiva en la final. Rusia, en cambio, fue otra cosa, un casi permanente querer y no poder. O peor: la impresión de que por momentos lo abrumaba la certeza de que el asunto no tenía solución. Es bien cierto que la selección de Sampaoli fue caótica y cayó como pocas en el pecado habitual con Messi, el de no saber qué hacer con él, el de no hacerle llegar la pelota en el momento y el lugar adecuados.
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Pero a esta altura de los tiempos, con casi 13 años en la selección, Messi debe tener cierta idea concreta de cuál es el problema. Lo llamativo, entonces, es que no le encuentre al menos algo que se acerque a una solución. El ‘10’ sólo brilló ante Nigeria, con un gol y un enorme despliegue de fútbol cuando el equipo estaba contra las cuerdas. Tuvo de aliado a Ever Banega, algo que no sucedió este sábado ante Francia. Lo más llamativo, sin embargo, fue lo sucedido tras lanzar mal un penal en el debut ante Islandia. Messi entró en días de silencio e introspección, que se profundizaron con la derrota por goleada ante Croacia. Todo un enigma.

En todo caso, el ‘10’ es demasiado grande como para que el fútbol se apresure a amortizarlo. Lo dijo este sábado Paul Pogba, uno de esos franceses impetuosos que lo echó del Mundial: “Hace 15 años que lo veo jugar a Messi. Aprendo de él y me hace amar al fútbol. Siempre va a ser mi ídolo”.
Cuatro años después, en Sudáfrica 2010, el argentino volvió a llegar hasta los cuartos, quedando por fuera, de nuevo, contra Alemania. Ese año no marcó en 5 juegos. Elportugués, en cambio, solo pudo llegar hasta octavos, fase en la que cayó con España, pero él sí consiguió marcar en 4 duelos.

Finalmente, hace 4 años, en Brasil, Messi fue finalista y perdió el título contra, sí, de nuevo, Alemania. Hasta la fecha el de 2014 ha sido el mejor torneo de Lionel: 7 partidos y 4 goles.

La cara opuesta es la de Ronaldo, que vio como Brasil fue su peor participación mundialista hasta ahora: eliminado en primera ronda, aunque con un gol en 3 partidos.
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En total, hasta este sábado, Messi jugó 19 partidos y marcó 6 tantos en Mundiales, mientras que Ronaldo disputó 17 encuentros y anotó 7 goles. Pero el portugués consiguió festejar en las 4 ediciones en las que participó y el argentino solo en 3.
El mediocampista argentino Javier Mascherano anunció este sábado su renuncia al seleccionado nacional tras la derrota 4-3 ante Francia por los octavos de final del Mundial, confirmando lo dicho previamente de que el último choque en el torneo marcaría su despedida de la Albiceleste.
“Se terminó la historia, después de 19 años puedo decir que paso para el otro lado”, afirmó a periodistas el jugador del Hebei Fortune de China. “Me hubiese gustado terminar de otra manera, pero a veces uno no puede cambiar el destino, para mí el destino era este y ya está. Ahora, a alentar a estos chicos para que lo sigan intentando porque seguramente en algún momento lo lograrán”, añadió el jugador de 34 años.

Argentina

Didier Deschamps se apartó del eufórico festejo de sus jóvenes jugadores tras el trepidante 4-3 sobre la Argentina para acercarse a un futbolista que parecía petrificado. Llegó desde atrás, por eso Lionel Messi no sabía quién lo estaba consolando. No podía ser Jorge Sampaoli, que apenas terminó el partido se fue al vestuario. El abrazo del técnico francés fue genuino, un gesto noble de alguien que en 1998 fue campeón mundial, ese objetivo que quizás ya nunca alcance el ‘10’ argentino.
Antes del Mundial, si se le preguntaba a los Messi si el de Rusia sería su último Mundial, la respuesta llegaba con convicción: “No, va a estar en Qatar, va a llegar bien aunque tenga 35 años, jugará más atrás, repartirá más juego en vez de ser el que defina, pero va a llegar bien”. Ahora habrá que dejar pasar un tiempo prudencial para plantear el mismo interrogante, porque la Copa del Mundo es ya, clarísimamente, el arcón de los malos recuerdos de Messi. Javier Mascherano le pidió que siga, pero podría suceder que Messi no quiera saber nada más con la selección.
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Fanático de la celeste y blanca desde que era un nene, esa camiseta le hizo conocer los costados más duros del fútbol, aunque le haya dado también enormes alegrías. Si José Perkerman lo dejó en el banco en 2006 ante Alemania, en un partido en el que los locales veían con profundo temor la posibilidad de enfrentarlo, en 2010 sufrió a Diego Maradona como técnico. Brasil 2014 fue un logro con el subcampeonato, pero Messi falló en la final ante Neuer un gol que metió muchísimas veces en su vida,
llegando en diagonal desde la izquierda.
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Es el día de hoy que, cuatro años después, nadie en su familia le habla de aquel gol que no fue. “Le duele demasiado”, explican. Seguro que duele, pero aquello fue al menos en la final. Rusia 2018, en cambio, entró en la historia como el Mundial más incomprensible en la carrera del crac del Barcelona, y no sólo por el adiós en octavos de final. Consuelo de tontos: si pasaron veinte años y nadie sabe a ciencia cierta qué le sucedió a Ronaldo en la final de Francia 98, bien pueden pasar unos días, semanas y, cómo no, años, hasta tener claro qué le pasó a Messi en la peor Copa del Mundo de su carrera. Las tres semanas en Rusia abollaron de forma importante su imagen de mejor jugador del planeta. Que Cristiano Ronaldo siguiera su camino un par de horas después sólo habla de lo competitivo que es el fútbol de hoy.
Brasil 2014, un Mundial de siete partidos para la Argentina, mostró a un Messi que fue de mayor a menor. Sin él no se hubiera superado la fase de grupos, pero con él no se pudo imponer una ventaja decisiva en la final. Rusia, en cambio, fue otra cosa, un casi permanente querer y no poder. O peor: la impresión de que por momentos lo abrumaba la certeza de que el asunto no tenía solución. Es bien cierto que la selección de Sampaoli fue caótica y cayó como pocas en el pecado habitual con Messi, el de no saber qué hacer con él, el de no hacerle llegar la pelota en el momento y el lugar adecuados.